Xataka Home
Contenidos contratados por la marca que se menciona

+info

Hay una imagen que se repite en las guías de aspiradores robóticos. En ella aparece el aspirador, generalmente un robot chato y redondo, avanzando hacia un cable, y una enorme “X” nos indica que eso es algo que debemos evitar. Pronto esa imagen desaparecerá de los manuales porque los aspiradores ya reconocen cables, calcetines y otros objetos comunes en el suelo de nuestras casas.

Hablamos de la inteligencia artificial aplicada a los robots aspiradores, algo que hace dar un paso más allá a estos gadgets domésticos. Por primera vez, ahora serán capaces de “entender” nuestros hogares para liberarnos de tener que preparar el terreno antes de activarlos. Este tipo de integración la vimos aplicada en el pasado CES 2019 en el robot DEEBOT Ozmo 960 de la compañía china ECOVACS Robotics, que estará disponible a mediados de año.

Una inteligencia artificial presente en cada vez más objetos

Hace una década nos habría sonado raro que una inteligencia artificial capaz de aprender estuviese presente en un aspirador. Hoy parece que esperábamos la noticia. Los avances tecnológicos de los últimos años en robots aspiradores – control mediante app, tecnología de fregado y aspiración, limpieza de cristales y, ahora con IA— nos han predispuesto a pensar más allá.

Y es que hace tiempo que dejaron de ser meros robots. Los robots son máquinas programables, pero la nueva generación de objetos inteligentes añade un ingrediente extra: el aprendizaje. El robot mencionado arriba hace uso de una tecnología llamada AIVI (Inteligencia Artificial e Interpretación Visual).

¿Lo importante, más allá del logro tecnológico? Esta capacidad para analizar el entorno, planificar nuevas rutas de trabajo o esquivar objetos va a hacer que nos olvidemos de que tenemos un robot aspirador. Y ese es el objetivo: integrar la tecnología en nuestra vivienda para hacer más fácil nuestra vida. Ahora le toca el turno a este robot, mañana será la lavadora.

¿Cómo funciona la tecnología AIVI?

En 2012 ocurrió un hecho de relativa importancia en todo el mundo. La inteligencia artificial había sido previamente entrenada para reconocer objetos, pero aquel año aprendió algo más: la IA ya podía identificar gatos con éxito. Aquello supuso un avance considerable, y técnicas parecidas se usan en multitud de ámbitos, como la medicina. Otro ejemplo es la domótica.

Equipado con cámaras, este robot es capaz de ver, e identificar qué es lo que está viendo. Un calcetín, un cable, el sofá… hasta la fecha ha aprendido a reconocer al menos 500 objetos, pero sus bases de datos siguen recopilando experiencias para ser más útil a sus dueños. Esto marca una diferencia entre generaciones: un robot comprado ahora será más “listo” en un año, ya que por primera vez integran inteligencia artificial. Aunque podríamos cambiar palabras relacionadas con su inteligencia y hablar formalmente de su utilidad.

El mecanismo de la visión artificial usa varias capas de neuronas artificiales. En las primeras se reconocen trazos básicos como los contornos, las líneas rectas o las curvas. En capas más profundas todo esto acaba colapsando en objetos reconocibles como sillas o muebles. En el fondo, todo este avance ha sido fruto de copiar el modo que tiene nuestro cerebro para interpretar nuestro alrededor.

Para la familia que utilice el robot este tipo de innovaciones se traduce en dos puntos clave a tener en cuenta:

1. Ya no hará falta preparar el suelo para la llegada del robot

Si el lector es usuario de robots aspiradores sabrá que antes de conectarlo tiene que retirar del suelo objetos como calcetines o cables. De lo contrario, al volver a casa puede encontrarse con el suelo sin fregar y con el robot en una esquina mordisqueando un calcetín.

Esto abrirá la puerta a la programación inteligente: en lugar de programar el robot para una hora determinada, aprenderá cuándo es el mejor momento para darse una vuelta por la casa.

2. Un ahorro considerable de tiempo y energía

Veremos más abajo cómo ahora el robot planifica su propia ruta. Esto significa que la optimiza por encima de rutas predefinidas o aleatorias y que, por lo tanto, tardará menos en limpiar el suelo, evitando gastar energía de forma innecesaria. Para aquellos preocupados por nuestro impacto en el entorno, esto es una buena noticia. También para bajar la factura de la luz, claro.

Robots que deciden por sí mismos

Además de las “actualizaciones” derivadas del aprendizaje de este robot aspirador, hay una gran diferencia con sus hermanos más mayores. Los modelos anteriores trabajaban en un patrón aleatorio o pseudoaleatorio de movimiento, o bien un movimiento en cuadrícula para evitar pasar por el mismo lugar.

Ahora, la ruta cambia en función de aspectos como el tamaño de la habitación o qué objetos haya en medio. Es decir, estos robots deciden por sí mismos en base a una programación que, dentro de un marco lógico (no tirarse por las escaleras gracias a los sensores del robot), es capaz de crear diferentes rutas optimizadas. Esto no se había visto antes, aunque es el siguiente paso natural a la tecnología de mapeo Smart Navi™ desarrollada también por ECOVACS Robotics, en la cual se sigue apoyando.

Sin duda la delegación de decisiones es un marco que puede dar vértigo. ¿Dejar que las máquinas piensen? Bueno, cómo limpiar el suelo no parece un tema especialmente trascendental. Y si además el robot lo hace muy bien y va mejorando a medida que aprende, por qué no. Para un humano hay poca gloria en determinar la ruta óptima de aspirado. Ahora podemos dedicar ese tiempo a otra tarea más elevada, como pasar tiempo de calidad con nuestros hijos.

La protección de datos y calidad, en el punto de mira

El robot mira con una cámara. Esto significa que ve el interior de nuestra vivienda. Esta generación de robots va un paso más allá de aquellos a los que estamos acostumbrados, y es por eso que su tecnología ha de adaptarse a la normativa vigente en la actualidad en Europa. Como usuarios, podemos respirar aliviados: las imágenes no son almacenadas o transferidas a terceros.

Este mismo estándar de calidad en software también lo observamos en la combinación de este con el hardware. Lejos quedaron aquellos productos asequibles pero de dudosa durabilidad. Hoy, todos y cada uno de los robots como el Deebot Ozmo 960 han pasado por una cadena de pruebas físicas y electrónicas que eleva los estándares de calidad.

En concreto esta marca cuenta con su propio laboratorio homologado para pasar las pruebas y auditorías. Allí se realizan los constantes testeos de calidad que abarcan desde caídas hasta la exposición a altas temperaturas. Es decir, que estos robots que adquirimos para que limpien el suelo por nosotros han recorrido un largo camino de pruebas intensas para realizar nuestro trabajo.

Los encendemos y viene el punto clave de todo esto, uno que ya hemos mencionado arriba: nos olvidamos de que el robot está ahí. Disfrutamos de nuestro recién ganado tiempo libre y también borramos de nuestra mente la escoba, la aspiradora y la fregona. Así funciona y avanza la tecnología: eliminando quehaceres no demasiado gratificantes y dándonos tiempo.