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Los robots llevan décadas formando parte de nuestra cultura. En su momento, estos automatismos saltaron de la obra de ciencia ficción de Čapek para echarnos una mano en nuestro día a día. Algunos incluso se introdujeron en nuestras viviendas para hacerse cargo de algunas de nuestras tareas. Sin embargo, no todas las máquinas que tenemos en casa son robots. Tampoco todas las que hay fuera.

Según la RAE, la máquina ha de cumplir el ser programable y el realizar trabajos antes reservados a personas, como ocurre con los brazos soldadores en las fábricas. Es aquí donde también encaja a la perfección el set de electrodomésticos inteligentes que tenemos en las casas, desde la lavadora con decenas de programas y con enlace al móvil, hasta el robot aspirador que nos espera en casa con el suelo limpio.

Barrer, aspirar, fregar: los robots ganan en habilidades

Como las ideas, el desarrollo de las máquinas no se sustenta en el aire ni estas aparecen por arte de magia. Para diseñar un robot capaz de echarnos un cable en casa, uno que se ocupe de cierta tarea concreta o un conjunto de ellas, un equipo de ingenieros ha tenido que trabajar durante años en el diseño. Los primeros robots humanoides, Eric y Elektro, fueron construidos en 1928 y 1939. Mucho han mejorado desde entonces: Atlas, el androide de rescate de la Boston Dynamics, hace parkour y friega.

Claro, que como veremos más adelante no necesitamos un humanoide con una mopa para limpiar. Las aspiradoras clásicas, al dar el salto a robots, se convirtieron en algo más parecido a droides que ruedan a ras de suelo. Pero, al igual que sus compañeros de fuera de casa, han ido ganando en funciones: los primeros solo empujaban el polvo, la segunda generación era capaz de aspirar y hacer girar unas aspas, y la tercera es capaz de fregar gracias al control fino del agua. Esta última función recibe el nombre de OZMO, una tecnología desarrollada por la compañía Ecovacs Robotics.

Estos procesos ya los hemos visto en otras industrias y otros robots. Por ejemplo, el robot aspirador sigue una evolución paralela a los brazos industriales. Al principio eran toscos, poco funcionales y estorbaban. En el caso de las fábricas, incluso necesitaban una jaula protectora por seguridad. Después, gracias a la conexión en red, una mejora en la electrónica y nuevos sensores, los robots han conseguido trabajar junto a nosotros para complementarnos.

¿Cómo ven y se orientan los robots?

En buena parte de las líneas de fabricación industrial, un sensor láser establece aspectos como el movimiento de otras máquinas o dónde colocar la pegatina de estampado. Aunque puede parecer lejano, una tecnología similar la usamos actualmente en nuestras viviendas. Robots como Ecovacs DEEBOT OZMO 930(abajo) incorpora sensores de posición que le indican la distancia a diferentes objetos.

Una tecnología parecida la estamos viendo en los coches robot, también conocidos como coches autónomos, y es que el verdadero salto lo dieron la conexión a la red y la inteligencia integrada. Es gracias a esta conexión que coches robots, aspiradores domésticos y las máquinas que desplazan estanterías en grandes almacenes sean capaces de tener un buen sentido de la orientación.

Este sentido se gana usando los sensores láser incorporados en el robot aspirador, el robot puede darse cuenta de en qué punto de la casa está , cuál ha aspirado, qué queda por trabajar o las líneas rojas que hemos dibujado sobre el suelo (hablamos de ellas más abajo). Esta forma de programación permite optimizar las rutas, invertir menos tiempo en fregar o encontrar con éxito el puerto de carga cuando termina. Muchos robots industriales funcionan del mismo modo, saliendo de su espacio solo cuando son necesarios.

¿Por qué los robots aspiradores no son androides?

Las primeras máquinas fueron muy parecidas a personas. De hecho, en la Ilíada puede leerse cómo Hefesto, el dios, crea dos mujeres mecánicas de oro. Pero en el siglo pasado nos dimos cuenta de lo complicada que es la bipedestación: robots como Asimo no dejaban de caerse, y aunque se ha logrado un control fino del movimiento (Handle, de la Boston Dynamics es un ejemplo), andar de pie no es particularmente útil.

Es por eso que los robots de cocina no llegan al suelo o que los brazos robóticos de las fábricas se apoyan en plataformas con ruedas. Las ruedas sí son útiles para recorrer espacios controlados como una vivienda, una fábrica, un hospital… Si los aspiradores robóticos tuviesen patas, su coste sería desorbitado y casi nadie podría adquirirlos. Gracias a las ruedas, hoy son de uso normal.

Además, estas mismas ruedas permiten un mejor control de posición en la vivienda al saber con precisión cuánto han girado en una dirección. Esto es clave a la hora de utilizar sistemas de navegación como el Smart Navi™ 3.0 de las aspiradoras DEEBOT. También ayuda, y esto es importante, a superar con éxito la subida a alfombras. Por supuesto, para este tipo de funciones las máquinas requieren de cierta ‘inteligencia’.

Así piensan los robots de servicio

En la imagen de arriba podemos observar un montaje del robot en una habitación infantil. La red azul simula una barrera virtual programable. Sobre la alfombra hay piezas pequeñas que el motor de la máquina (de 150 W) podría absorber por error, de modo que sería óptimo decirle “no pases por aquí”. Así funciona la programación de Ecovacs vía aplicación, y del mismo modo hemos conseguido robots industriales.

Hoy día, los los robots aspiradores pueden pasearse entre nosotros gracias a que pueden detectarnos. Hacemos la prueba: nos ponemos en la trayectoria de un DEEBOT OZMO 930 y esperamos el momento del impacto… Cerramos los ojos, ¿dolerá?

Los abrimos segundos después. El robot ni nos ha tocado, y está limpiando a nuestro alrededor. Varios sensores de posición en su frontal le han advertido de la posición de un objeto delante de él, y su cerebro (básico pero muy útil) ha calculado una nueva ruta para aspirar la vivienda. Al igual que podemos programar áreas restringidas con la aplicación, podemos estar seguros de que un cambio de mobiliario no afectará a la limpieza del hogar.

¿Me hace falta un robot aspirador?

¿Y una lavadora o un frigorífico? Históricamente hemos terminado por adoptar toda la tecnología que nos ha hecho la vida más fácil, pero no a la primera. Los primeros hornos se consideraban monstruosos, pero cuando los vecinos eran capaces de ver qué se podía hacer con ellos empezaron a comprarse. El precio bajó, y el coste también (recordemos que los hornos de antes necesitaban nuevas líneas de electricidad y gas). Los robots aspiradores entran poco a poco en los hogares y, cuando lo hacen, no salen. ¿Se le ocurriría a alguien dejar de vivir sin nevera una vez ha demostrado su utilidad?

Hoy los robots aspiradores no requieren más instalación que un pequeño soporte de carga incluido en la caja. Estos difieren mucho de los imaginados décadas atrás en la ciencia ficción: no tienen forma humanoide como el Atlas de la Boston Dynamics al que hemos visto hacer parkour y fregar en 2018. Pero sí tenemos un robot que lava la ropa, otro que nos calienta la comida, un tercero que limpia el suelo… Todos ellos nos ayudan a realizar tareas que no siempre nos apetece hacer. Cocinar puede ser un acto realmente liberador, pero en cuanto podamos automatizarlo instalaremos dos brazos robóticos en la encimera.

Ahí está la clave de robots aspiradores como el que mostramos en las imágenes. Cuando una máquina es excelente en su función y puede ser programada, tenemos un robot que elimina buena parte del trabajo doméstico. Esta habilidad es particularmente útil si vivimos con familiares alérgicos a polvo o ácaros. La limpieza del suelo se vuelve entonces una obligación de cumplimiento diario.

La rápida aceptación del robot aspirador, a diferencia con otros electrodomésticos, se debe a muchos motivos. Uno de ellos es que no hace falta adaptar la vivienda al mismo. Otro, que ya estamos familiarizados con máquinas que hacen nuestro trabajo a nivel doméstico. También influye que este último robot sea autónomo.

Sí, eventualmente requerirán, como toda máquina tecnológica, cierto mantenimiento (limpiarlo y cambiarle el filtro, por ejemplo), y cada pocas semanas tendremos que vaciar el depósito. Sin embargo, uno puede programar a través del teléfono móvil su DEEBOT OZMO 930 para que se active cuando salga de casa, y olvidarse por tanto del suelo.

El robot se encargará de barrer, aspirar y fregar con total autonomía y nosotros podremos dedicarnos a otras tareas. Esa es la verdadera fuerza de la automatización de tareas domésticas: olvidarte de que tienes que hacerlas, o que las hará un robot.

Imágenes | DEEBOT